
Tras el café, aún dormida y con las letras impresas en el DINA3 casi de estraza, leo entre líneas que en la ejecución de un aparcamiento en mi ciudad han encontrado vestigios de la época Napoleónica.
No me llama poderosamente la atención puesto que sobre restos antiguos en la ciudad han corrido mares de tinta pero si me conmueve la anécdota que me regala un compañero.
Según dice corrían los años 90 cuando, jugando en el patio de su colegio, encontró una moneda de la época de Bonaparte. Material al que un niño de temprana edad no ofrece la importancia que se le debiera imprimir a tal hallazgo y que deposita bajo la confianza de su profesora.
Hoy ,concretamente, no solo descubro el poco apego que tenemos los seres humanos a nuestra historia sino que también pongo de manifiesto que quien no supo confabular y soñar con haber encontrado un tesoro cuando era pequeño tampoco podrá leer la noticia que pasó por nuestros ojos con la misma intensidad que lo hice yo. ¿Tanta desidia infieren las administraciones públicas?