
Hoy debe ser que el desayuno me ha sabido a poco. O que me he levantado con la moral disfrazada de caballero andante y he decido comerme el mundo, o al menos parte de la Península.
Me he situado en las Canarias, para tener una perfecta visión de mi nueva dieta. Objetivo: cumplir con la cadena alimenticia.
Como ya he desayunado, debía cumplir mi pretensión para el almuerzo. He dado coordenadas a mis caninos y he empezado por el País Vasco y Asturias. Un poco de verde siempre ayuda a digerir las grasas de chapapote para cuando engullera Galicia.
El pan lo he recogido de la meseta, pero era pan de picos, de Toledo y alguna que otra torre se me ha quedado enganchada entre los dientes.
Murcia lo he absorbido de un solo trago para satisfacer mi sed. Mañana elegiré otros destinos geográfico-gastronómicos. No es bueno empacharse. Y menos, aún, de ego.